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martes, 7 de mayo de 2013

BIOLÓGICO Y QUÍMICO


Hola a todos, ¿cómo vais con los cambios? Espero que sigáis en vuestro empeño hacia una nueva forma de vivir. Es importante que hagáis una lista con todas aquellas cosas que tenéis que cambiar y que la pongáis en la puerta del frigorífico o en algún sitio visible, así os será más fácil tomar decisiones sobre qué cambio toca esta semana, quincena o mes, y sólo así, con vuestra perseverancia, conseguiréis vuestro objetivo final.

Quiero pediros disculpas por la tardanza, pero no he tenido tiempo para escribiros en estas dos semanas. Mientras, he publicado algunos de los artículos que tengo escritos desde hace años, para así poneros en situación sobre cuestiones que a lo mejor muchos de vosotros desconocíais.

Esta semana quiero hablaros de algo que me preocupa: las diferencias que existen entre productos biológicos y químicos. Tengo que deciros que aún hay muchas personas que les cuesta entender esta diferencia, ya que sólo se guían por cómo huele, cómo sabe y cuánto cuesta.

Cuando uno come un enorme chuletón o una lasaña, uno tiene que entender que, cuando se ingieren, esos alimentos pasarán por el aparato digestivo. Si son muy grasos les costará digerirlos, pero lo importante de verdad es que, si no son productos biológicos, cuando nuestro organismo los deshaga y separe sus células, se encontrará que son células muertas, es decir, hormonas, antibióticos, plástico en forma de emulgentes, etc. o, mejor dicho, residuos; ni siquiera encontrará una grasa  para almacenar, por si necesita ese recurso en algún momento determinado.

Entonces mi pregunta es, ¿somos conscientes de la diferencia que hay  entre COMER y NUTRIRSE? Yo creo que no, y no por que nos cueste entender  lo que necesita nuestro cuerpo. Creo sinceramente que es porque llevamos años siendo educados en el consumismo, tanto que, para conseguir todo aquello que deseamos, hemos necesitado administrar  nuestro presupuesto mensual y, para que nos dé para todo, hemos reducido en calidad. Así, la alimentación ha pasado de ser una necesidad prioritaria a ser parte de una lista de cosas que creemos necesarias y que en realidad son objetos de lujo y no necesarios para vivir.

Si  tengo  una alimentación pobre en nutrientes, enfermo e incluso puedo morir. Si no tengo móvil, televisión o no me voy de vacaciones, ni enfermo ni muero. Así de sencillo. Y eso lo entiende hasta el más tonto del mundo.

En alguna ocasión, y después de alguna charla, me han comentado  algunas frases que quiero compartir con vosotros:

“Yo no puedo vivir sin leche”. A esto le diría, “yo sí puedo vivir sin pólipos y tumores”.

“Me encanta el perfume”. A esto le contestaría, “me encanta disfrutar de la vida, no quiero matar neuronas de mi cerebro, deseo vivir muy lúcida y mantener mi memoria y mis movimientos hasta bien mayor”.

“Es muy caro”. Mi respuesta sería, “¿qué precio tiene tu salud? ¿Crees que te sale barato comer plástico, sólo por el hecho de que gracias a los emulgentes te ha sabido exquisito, con un sabor imaginario e inútil para tu organismo? ¿Crees que comer algo para después cagarlo directamente es barato? Que yo sepa eso es como tirar el dinero a la basura, o peor aún, ya que no sólo lo tiras a la basura, sino que además tiene consecuencias en tu  salud”.

Y qué deciros de un gel o una crema hidratante. Sobre este asunto tengo que confesaros que estoy bastante cabreada. Me parece genial que haya cursos de cosmética  iniciados por ayuntamientos o por artesanos, ya que a mí la química (no nociva) me fascina y me encanta, y por ello entiendo que muchas personas se sientan atraídas por el hecho de aprender a hacerlo.

Pero no vale todo, es decir, te encuentras que en la mayoría de estos cursos  no se tiene ni idea de química. Se utilizan derivados del petróleo, productos abrasivos y minerales cancerígenos. ¿Creéis que a esto se le puede llamar artesano o natural?, ¿a un producto cuyo resultado final es más nocivo para la salud que cualquiera de la industria petroquímica?

Hasta la palabra ARTESANO ha degenerado. Antiguamente un artesano era aquél que hacía un producto con sus propias manos, pero además, para hacer dicho producto utilizaba los recursos que la naturaleza le daba, materiales cotidianos que se utilizaban en el día a día; y desde luego lo que no utilizaba eran productos dañinos para la salud.

Quiero que entendáis la diferencia entre un aceite puro biológico y uno químico, y no sólo es cuestión de que haya una gran diferencia de precio. ¿Os habéis preguntado por qué?

Veréis. Para sacar  1ml de aceite esencial puro de rosas se necesitan ocho toneladas de pétalos, pero no sólo se necesita semejante cantidad. Pensemos en el proceso que ha pasado hasta poder disponer de tantas rosas, ya que es una de las plantas con más plagas  para combatir y los cultivos biológicos tienen que luchar con recursos naturales para no dañar las maravillosas propiedades de las plantas, lo que cuesta mucho tiempo, dinero y a veces pérdidas de cultivos.

Por supuesto, no puede ser barata; de hecho es una de las esencias más caras (1/2l  ronda los 3.000€).

¿Qué diferencia hay, entonces, entre hacer una crema hidratante con esta esencia pura  a hacerla con una química? La hidratante biológica no sólo hidrata, da elasticidad, alimenta a las defensas, previene la deshidratación, regenera la epidermis y nos aporta un sin fin de propiedades. En definitiva, nos nutre desde fuera hacia dentro.

En cambio, la hidratante hecha con aceite base sin propiedades, ya que en su producción se utilizaron pesticidas y una esencia química que imita el olor de la original, daña el sistema nervioso, mata células de defensas, elimina la queratina, elimina el manto ácido que nos defiende de infecciones y hongos, debilita la fábrica de melanina y nos provoca un sinfín de reacciones nocivas para nuestra salud desde fuera hacia dentro.

Hace unos días un artesano me comentó que a él le costaba el aceite esencial de Lavanda la mitad que a mí. Intenté explicarle que a pesar de que su esencia se parece al de la Lavanda es un producto químico carente de propiedades e incluso le expliqué cómo daña la salud. La única explicación que me dio fue que a la gente no le importa si tiene propiedades o no, quieren, en este caso, un jabón con olor a Lavanda y que sea barato. Y lo que más me dolió de su explicación es que tiene razón; de hecho, cuando intentas decir a una clienta el porqué de lo elevado del precio de algún producto te suelta que es muy caro y no le interesa saber más.

Después nos ofende que nos traten como ovejas, pero aunque me indigna, la mayoría se comporta como si lo fueran de verdad.

Para terminar, deciros que es muy importante reeducarnos, sobre todo en tres cuestiones, para mí, imprescindibles en el día a día.

1º ¿Cuánto necesito?, alimentos, ropa, perfume, etc.

2º ¿Cómo es?, bueno, dañino, etc.

3º ¿De dónde procede?, con pesticidas, producción de esclavos, de comercio justo, etc.

Se supone que debemos crecer con sensatez, moralidad y principios, para así trasmitírselos a las próximas generaciones, y sólo así nos formaremos como personas inteligentes y no como ovejas.

La única verdad es que cuando uno está sano y joven cree tener todo el tiempo del mundo y por ello no valoramos en el presente todo aquello que nos rodea, no le damos valor a nada que no sea un material muy caro (coche, casa, etc.). En cambio, cuando uno está enfermo, es como si de repente se despertara de un largo sueño y todo cobrara sentido. Todo recupera su valor y, por encima de todo, se valora el amor, la coherencia, la moralidad y los principios. Me parece triste que tengamos que pasar por una mala experiencia para darnos cuenta de ello.

Espero muy sinceramente que, antes de comprar o adquirir cualquier producto, reflexionéis sobre ello, ya que vuestra vida y la de los demás depende de ello.

Os deseo mucha SALUD.

                                                                                                                      Pilar Ruiz.

 

 

 

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